Andrés Aberasturi

Lo que queda de aquel grito

Resulta curioso cómo los medios han tratado en este aniversario -y trataron en su momento- el movimiento que hemos quedado de denominar como “15-M”. Mientras los más cercanos a la derecha arremetían contra é y aun sigue en ello, los de izquierda. o para ser mas exactos, lo más afines al PSOE, lo valoraron, de forma equivocada a mi ver, como una respuesta general contra el capitalismo sin hacer demasiado hincapié en que el PSOE, desde hace mucho tiempo, forma parte esencial de ese capitalismo se mire por donde se mire.

¿Pero qué fue y qué queda ahora de aquella manifestación popular? Todas las comparaciones son casi siempre imposibles porque los tiempos son distintos y las circunstancias también. Comparar para bien o para mal el 15-M con el Mayo del 68 es tan absurdo como establecer paralelismos entre el 15-M y las primaveras de Túnez, Egipto, Argelia etc. Cada tiempo tiene su razón y cada sociedad su por qué. Pero sí hay algo que puede unificar este tipo de movimientos: el desencanto moral o ético y la espontaneidad con la que nacen aunque luego sean grupos más o menos organizados los que intenten apoderarse de la situación.

Y el 15-M nació en la Puerta del Sol de Madrid y se extendió por muchas ciudades de nuestro país y hasta de Europa. Es cierto que fue degenerando, pero lo importante, yo creo, no es ver cómo acaba sino reflexionar sobre por qué comienza, de qué forma explota, qué ocurre para que miles de jóvenes y no tan jóvenes decidan volver a la utopía sabiendo como les ha enseñado la Historia que la imaginación nunca llegará al poder y que debajo de los adoquines no hay playa sino especulación. Pese a todo, querer pasar página y negar la importancia de aquellos días, resulta tan pueril como el intento lamentable de algunos partidos para arrimarse a ellos sobre la marcha. Alguien me preguntaba, escéptico, si el Mayo francés había logrado realmente algo. Y claro que sí. No logró evidentemente lo que la Revolución de Octubre ni creo que nadie de aquellos estudiantes -muchos de ellos después fueron políticos de derechas y de izquierdas- esperasen un resultado tan espectacular y tan cruel por otro lado. Pero cambiaron la forma de sentir la política en la vieja Europa, no le quitaron el luto de las dos guerras pero si lograron aflojar el nudo de una corbata negra que ahogaba la entrada de unas nuevas generaciones y desatascaron las anquilosadas tuberías de un sistema caduco, triste, amargo.

Con el 15-M pasó un poco lo mismo. Dejaron claro algo que pensamos una inmensa mayoría y es que este democracia de partidos siempre al borde de la corrupción y el recorte de libertades en nombre de una seguridad mal entendida, no es la democracia que unos -por edad- ayudamos a traer y otros viven de forma desencantada. Naturalmente que la asamblea como sistema de gobierno o de toma de decisiones no es viable aunque resulte hermosa. Naturalmente que no ofrecieron una alternativa a un capitalismo sin alma. Claro que no; dijeron, dijimos, que no nos gustaba ni esta política ni estos políticos, que un estado hombres libres no puede levantarse sobre la base de unos partidos corruptos y que algo debe cambiar si aun nos preocupa el futuro.

Luego el 15-M se llenó de turistas, de violentos, de interesados y se fue diluyendo hasta este primer aniversario. Puede que no vuelva surgir otra oleada como aquella y sólo queden imágenes manipuladas en su mayoría por unos y por otros. Pero el grito de entonces aun resuena y el desencanto se hace abstención y desprecio por este orden establecido en los que los únicos que no tiene libertad para hablar cuando quieran son, precisamente,  los que elegimos para que nos representen: según el gesto del que gobierna el redil, así balan la ovejas: si, no, abstención. Y disciplina de voto. Y dinero para campañas en las que se promete todo lo contrario a lo que después se hace. Que sigan por ese camino y ya verán que poco tarda alguien en ordenarnos que nos pongamos de pie en señal de respeto al líder. Da escalofríos solo de pensarlo/recordarlo.

¡Más madera!

Obedeciendo la orden disparatada -y desesperada- de Groucho Marx, aquellas dos palabras inolvidables: “¡más madera!”, sus hermanos iban destrozando uno a uno los vagones del tren hasta que al final quedaba sólo la locomotora. Cualquiera en una situación semejante, habría buscado una solución más coherente, pero se trataba, claro de una película cómica y de unos genios del absurdo. ¿O no?

Es que esta historia de la crisis, y las soluciones que ofrecen unos y otros, se va pareciendo cada vez más a la escena de los Marx. Sólo se trata de cambiar la madera por la media docena de palabras que están en la mente de todos: más impuestos, más recortes, más ajustes, más dinero para la banca… y la locomotora, ay, sigue desbocada hacia nadie sabe dónde mientras va perdiendo vagones, puestos de trabajo, crecimiento etc. Y el problema, que no es sólo de España, se agrava en nuestro país y se va a agravar ahora en Europa, porque ni siquiera los hermanos de Groucho se ponen de acuerdo en si se necesita más madera o moderar la velocidad de la locomotora.

Rajoy hace ahora el papel del alter ego de Groucho como antes lo hizo Zapatero, pero sólo medias, porque Groucho es naturalmente Merkel empeñada en que la locomotora siga a toda marcha caiga quien caiga. Y de la misma forma que a Merkel le ha salido Hollande, a Rajoy le ha salido Griñán, pero de eso ya hablaremos en su momento porque, como tengo escrito, dudo mucho que el electo presidente de Francia sea capaz de llevar a cabo su programa y ni quiero opinar sobre un Griñán que no se sonroja cuando afirma que Andalucía tiene su propio camino de recuperación que no es el del Gobierno Central y resulta que después de no sé cuantos años de gobierno socialista, presenta unas cifras de paro, subsidios, corrupciones y deuda (la deuda ni siquiera la presenta) que claman al cielo. ¡Menudo plan el de Griñán!. En fin.

Y es que uno ya no entiende nada. Se va Rato -seguramente cuatro días antes de que se recomiende prescindir de él- y ofrece en el comunicado de renuncia unos datos que, leídos sin más, son como para coger todos los ahorros de tu vida y ponerlos en acciones de Bankia. Pero es que en la página siguiente, el Gobierno advierte que el próximo viernes va a tener que inyectar -otra vez- ni se sabe cuántos millones para salvar a Bankia y otras entidades del desastre previsible. ¿Alguien nos puede decir la verdad? Si, acudamos a la oposición, al señor Rubalcaba.

Y el señor Rubalcaba ni entiende ni admite -insisto, en la oposición- que se use dinero público para salvar bancos cuando se recorta en sanidad o educación. Decir estas cosas crea adeptos, pero Rubalcaba sabe perfectamente que es pura demagogia y una irresponsabilidad en estos momentos; y lo sabe porque ha estado en muchos gobiernos y conoce perfectamente la importancia del sector financiero, ese que era “el mejor del mundo” según su ex jefe ZP y, por lo visto, no.

No tenemos políticos ni en España ni en Europa y, cada día más, lo que se constata es la crisis de los partidos que han perdido la credibilidad y la esencia de lo que realmente deben ser para convertirse en extrañas factorías de poder, corrupción y amiguismo. Por ese descrédito de los viejos partidos, por su propia inmoralidad, salió un tipo como Berlusconi y de ese descrédito ha salido Amanecer Dorado en Grecia con unos matones que obligaron a los periodistas a levantarse cuando su líder entra en una sala de prensa: “¡Levantaos todos y mostrad vuestros respetos al líder!” ¿Hacia dónde va Europa y quién puede poner freno a este desastre?

O todos, o se rompe la baraja

Esto se va complicando y a un porciento muy grande de ciudadanos les cabrea que todos los recortes caigan sobre las espaldas calladas siempre de los mismos. Unos recortes, por cierto, que se esperaban y otros, los más, que se han añadido por el camino. El país estaba dispuesto al sacrificio, incluso estaba dispuesto a ir un poco más allá si a cambio veía que se ponía fin a los escándalos, que se cerraba el grifo del derroche y se pedían responsabilidades (y en su caso devoluciones) a quienes se lo habían llevado crudo. El ciudadano medio estaba muy por la labor de colaborar en el esfuerzo de todos y me temo que se ha sentido defraudado. El ex ZP hacía minirecortes que no servían para nada y se inventaba frases que eran imposibles aunque sonaban bien. Su política económica primera fue desastrosa y dilapidó un dineral sin conseguir otra cosa que disparar el déficit; su reforma laboral fue lenta e ineficaz y su frase/proyecto más famosa la lanzó sin saber muy bien, ni él ni sus ministros, a qué se refería: el tan mentado proyecto de un modelo de “economía sostenible”. Lo cierto es que el modelo no sostuvo nada y nos dejó en ese borde del precipicio en el que llevamos viviendo desde entonces.

Y en esas llegó Rajoy cambiando el nombre de un día de la semana, justo en el que se reúne el Consejo de Ministros y así aprendimos el nuevo nombre: miércoles, jueves, chirriar-de-dientes, sábado, domingo etc. hasta el siguiente crujido del siguiente viernes y los que nos quedan, que ya ha anunciando que esto no ha hecho más que empezar. Y lo que me temía llegó con de Guindos: ya tenemos frase imposible porque el ministro pretende pasar de la economía del ladrillo a la “economía del conocimiento”.

Y lo que no vale -a mí no me vale al menos- es denunciar lo que parecía mal del Gobierno del PSOE y no ver lo que resulta criticable en este aun joven Gobierno de Rajoy. Todas las frases son hermosas y cómo no estar a favor de una economía sostenible o de esta otra basada en el conocimiento; pues claro que estamos a favor, pero lo mismo que dije a ZP se lo digo hoy a Rajoy: y eso ¿cómo se hace?

¿cuánto se tarda? ¿qué se invierte? Porque, para empezar, un “modelo” económico es un intangible que no se varía a golpe de decreto salvo si eres Chavez o Cristina Elisabet Fernández (de los Kirchner de toda la vida). Quiero decir que si no vas por la calle diciendo: “exprópiese” y otras maldades, pues no es fácil, ni mucho menos rápido, cambiar toda la estructura económica de un país que, además, está en una situación crítica con más de cinco millones de parados y creciendo, que además pertenece a un club al que ha cedido parte de su soberanía y toda su moneda, que además no tiene un euro que llevarse al gasto y que además se siente en la obligación de mantener un estado insostenible con 17 miniestados que van por libre. Y eso, me temo, es así.

Y la gente se cabrea, señor Rajoy, no sólo por lo que usted ha subido y dijo que no iba a subir sino, sobre todo, porque no ha quitado lo que todos esperaban que quitara: muchas más empresas públicas, el total de las alegres subvenciones a patronal, sindicatos y partidos y otras obras de dudosa solidaridad interior y exterior, sueldos inmorales, jubilaciones de escándalo, prebendas de unos pocos y un largo etcétera que, cuando quiera, me invita a un café en Moncloa y se le detallo por orden alfabético. Recortar un 5% a un funcionario o congelar una pensión vergonzosa es muy duro, pero bajar un 20% una subvención con muchos ceros que nunca debió existir, no es nada, pura imaginería. ¿Más? Pues más: ¿cómo es posible, éticamente, que expresidentes estén en los consejos de administración de las eléctricas? ¿Y lo de la señora Salgado no es ilegal? Así no. O nos ajustamos todos o ya verá como se rompe esta baraja.

Puntualizaciones sobre una carta a Cayo Lara

Aunque nunca ha sido mi costumbre en más de cuarenta años de profesión polemizar con quienes no estaban de acuerdo con mis palabras en prensa radio o televisión -me limito a dar mi opinión no a estar en posesión de la verdad y entiendo, respeto y hasta agradezco las discrepancias- si me gustaría puntualizar algunos extremos sobre la avalancha de reacciones en redes sociales y algunos diarios digitales provocado por mi “Carta a Cayo Lara del padre de un hijo tonto”.

Dejo al margen los insulto habituales con los que me obsequian los de siempre y tampoco hago mención de la inmensa mayoría que se solidarizó con la columna y la hizo suya. Me limito pues a aclarar algunos puntos que se repiten puntualmente en las críticas hechas desde la buena voluntad.

1- Al parecer Cayo Lara explicó posteriormente sus palabras y me disculpo por no haber oído esa explicación que nunca negué en mi artículo y así lo expresaba claramente: “y no he visto que haya pedido disculpas por ello, puede ser, pero yo no lo he leído.”

2- En prácticamente todas las discrepancias se me remite al diccionario de la RAE pero sólo citando la primera acepción de “tonto”: “Falto o escaso de entendimiento o razón” y nada se dice de que también la RAE se refiere a quien “padece cierta deficiencia mental “.

3- Se me recrimina que Cayo Lara utilizaba una expresión coloquial que yo había exagerado intencionadamente. En mi carta se decía: “Sabemos que no era su intención, faltaría más, pero cuando algo se dice sin intención, es lícito pensar que de alguna forma funciona el subconsciente”

4- Se me recuerda también algunos casos de monarcas como Carlos II y se me plantea si sería aceptable un heredero así. Pero el problema que yo pretendía exponer desde mi propio republicanismo es que no hay que ir a esos casos para no aceptar la monarquía, sino al hecho intelectualmente inválido de que un hijo, por el hecho de serlo, herede la jefatura de un estado y así lo decía también en el articulo: “No entendemos que alguien por el hecho de ser hijo de, tenga que ser jefe de un Estado. ¿Y si sale tonto? ¿Tenemos que cargar con un jefe del Estado tonto?” La primera frase incluso la comparto plenamente, pero en la segunda”.

5- Hay quién quiere ver en mi carta un tinte ideológico y se pregunta si escribí algo cuando Celia Villalobos se refirió al “tema de los tontitos”. No escribí entonces una carta pero sí dije todo lo que pensé que tenía que decir -y fue mucho- en una tertulia de televisión a la que entonces asistía. No hay política.

Y por mi dejo cerrado el tema. Mi carta era una queja por la utilización -aun- de un lenguaje que puede herir y doler y así también lo explicaba en mi carta: “Sé que algunos van a entender que exagero, que saco las cosas de su contexto, que voy más allá de lo que en realidad no deja de ser una expresión casi coloquial. Y ese es precisamente el problema, que se hayan convertido en algo coloquial adjetivos como subnormal y derivados”. Los que no quieran ver el espíritu de mi carta dolida, no lo van a ver diga lo diga y explique lo que explique. No tengo nada ni a favor ni en contra del señor Cayo Lara aunque nos une -como a otros muchos de IU o no- la idea de que las monarquías son, lo vuelvo a repetir, inaceptables desde la más elemental reflexión intelectual. Pero del mismo modo, hay una abundantísima literatura sobre esa expresión “nos sale tonto” o “cargar con un hijo tonto” que no es -se cite el diccionario que se cite- ni afortunada ni respetuosa. Me reitero pues en todo lo escrito salvo en las explicaciones que en su momento pudo dar Cayo Lara y que yo no he leído.

Demasiadas líneas rojas

Andrés Aberasturi

Cuando peor va el país, el PSOE y el PP se enzarzan más y más en una confrontación que sí va a alguna parte: a culminar el desastre en el que nos metió la crisis mundial y el irresponsable Gobierno ZP, sin duda el peor presidente de la democracia. Pero no conviene echar la culpa eternamente al pasado y remontarse a la pérdida de las colonias para justificar el hoy y el mañana. Hay un Gobierno que tiene mucho poder -mayoría absoluta, mayoría en ayuntamientos y mayoría de comunidades- que está haciendo un ajuste durísimo empeñado en seguir lo que -hasta ahora, ya veremos que pasa en Francia- es la política de la Unión Europea que está obsesionada con el déficit. Podrá gustar o no, se podrá estar o no de acuerdo, pero es lo que hay: unas medidas severas ante una situación límite y no sé yo si lo españoles somos conscientes de que esto último es así, de que estamos a punto un día sí y otro un poco menos de una ruina anunciada, esa  que no quiso o no supo ver -y ese es su pecado- ni ZP ni su Gobierno.

Por eso extraña la actitud de Rubalcaba que viene a ser la misma, pero en peores momentos aun, que la de Rajoy cuando estaba en la oposición: dejar que todo empeore, no colaborar y buscarse algo que suena bien pero que él sabe que es imposible: las famosas líneas rojas que no acepta se traspasen de ninguna manera. Y el problema es doble: por una parte esas líneas rojas las ha colocado en casi todos los recortes posibles, de forma que cualquier iniciativa choca contra esa barrera imaginaria y por tanto no será ni admitida ni apoyada. El otro problema es que buena parte de estos ajustes duros de Rajoy vienen dados por algo tan sencillo y a la vez tan absolutamente grave como es la mentira de las cuentas que dejó el Gobierno del que era pieza clave el propio Rubalcaba. Si no dijeron la verdad de lo que se debía y pregonaron un déficit que estaba más de dos puntos por debajo del real -lo acaba de confirmar Bruselas, no el PP- al menos debería reconocerlo y ayudar en la medida de lo posible no a Rajoy sino a España, a los españoles, a todos nosotros que sí nos disgustaba, y mucho, la poca colaboración del PP con Zapatero, ahora -que estamos peor aun- no entendemos la oposición frontal a casi todo -las demasiadas líneas rojas- que marca Rubalcaba, coparticipe, insisto, en gran mentira al país y a la UE del déficit real español.

Lo que resulta indignante es que cuando los comedores sociales de Barcelona tienen listas de espera porque no pueden atender a tantos que ni siquiera tienen para alimentase ese día, los dos grandes partidos se dediquen a tirarse los trastos por la forma de elegir al jefe de RTVE o hagan una batalla campal en lugar de un diálogo constructivo para salvar la sanidad de todos. Si así creen que nos ayudan, más vale que busquemos alternativas.

Y el Gobierno de Rajoy. Recorta y pide sacrificios pero dando un ejemplo excesivamente escaso de que la cosa debe empezar por uno mismo: con cuatro minimedidas tratan de compensar los maxiajustes y eso cabrea. ¿Qué pasa con el Senado y su absoluta inutilidad que sale por un pico? ¿Qué pasa con los miles de empresas públicas que aun siguen ahí y no son sino tapaderas de intereses partidistas? ¿Qué pasa con la banca y las cajas que siguen congelando el crédito? ¿Qué pasa con las millonarias subvenciones -pese a los recortes- a sindicatos y CEOE? Y esto no es el chocolate del loro y, si lo es, habrá que enviar al loro al zoológico y eso que nos quitamos de encima.

Y Francia. Pese a la desbordada alegría del PSOE tras la primera vuelta, si al final gana Hollande y cumple sus promesas -que esa es otra: una cosa es prometer y otra que se pueda hacer lo que se promete- Europa se metería en la tormenta perfecta donde los primero rayos nos iban a caer a nosotros. Nunca me gustó “Sarko”, pero los planes de Hollande me parecen los más apropiados para romper del todo la Europa del euro.

Y mientras, Llamazares y Cayo Lara muy ocupados en cómo traer la República. Vale.

El amigo Boucher

Claro, lo primero que habría que hacer es explicar al respetable quién es Boucher y por qué se merece que le conozcamos todos un poco más. Pues resulta que Mr. Richard A. Boucher es el secretario general adjunto de la OCDE, un embajador estadounidense con más 30 años de carrera diplomática a sus espaldas y al que no podemos aplicar el viejo de dicho/deseo de “a quien Dios confunda” porque sin duda el buen Dios, lo tiene ya más que confundido. El caso es que el tal Mr Boucher se vino arriba el otro día en una jornada sobre la “primavera árabe” organizada en Marsella por la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, a la que asistían diputados y senadores de los países miembros de la Alianza, junto con políticos y diplomáticos de la ribera sur del Mediterráneo y el Golfo Pérsico, y sin que se sepa muy bien por qué, en una de las mesas redondas afirmó que lo que sucede en estos países es algo similar de lo que acontece en España, a quien “nadie se quiere parecer” y que “sólo vale para el flamenco y el vino tinto”. ¡Coño, Mr Boucher, que tampoco es eso! Una cosa es que no estemos pasando por nuestro mejor momento y otra bien distinta que de este país -que tiene ya algunos siglos de Historia- sólo valga el flamenco y el vino tinto; se olvida usted, entre otras cosas, de la recia jota aragonesa o de esa bendición del cielo que es buen fino o un verdejo fresquito.

Seguramente Mr. Boucher llegó a número dos de la OCDE de la misma forma que llegó la farola a mi calle, porque la puso el ayuntamiento y de todo tiene que haber, pero tengo serias dudas de que sus treinta años de carrera diplomática le hayan servido para mucho. Y conste, amigo Boucher, que no le escribo esto desde un patrioterismo trasnochado sino desde el conocimiento cercano de esta España a la que, según usted, nadie se quiere parecer. No sólo es posible que en eso tenga razón sino que es categóricamente imposible que nadie se parezca, porque la Historia no se improvisa y de la misma forma que nosotros, entregados como usted cree que estamos todo el santo día al vino y al flamenco, nunca mandaremos un satélite tripulado a la luna lunera, ustedes tampoco, por mucho que se lo  propongan, tendrán la catedral de Burgos o habrán dado a luz un tipo capaz de pintar “Las meninas”. Y no pasa nada, cada uno está a lo suyo y tiene lo que tiene y carece de lo que carece. Y por eso Diego López Garrido, que debió de dar un respingo cuando le oyó decir semejante majadería, no le dijo tantas cosas que se podrían decir de los EEUU y se limitó a exigirle que retirase esas palabras dándole, eso sí, el breve pero certero toque al recordarle que los males que nos asolan a todos -también a ustedes- tuvieron su origen en un banco, el Lehman Brothers, en el que se escucha más country que flamenco y se bebe mas cola que vino tinto (esto último no lo dijo Lopez Garrido, lo añado yo de mi cosecha).

Mire usted, amigo Boucher; yo no soy en absoluto anti-casi nada y me parece que los EEUU son una magnífico y joven país con tantas virtudes como defectos; es decir, como nosotros, como la vieja Europa, pero en versión adolescente. Pero para ser el numero dos de OCDE, usted debería saber algo más de lo que habla o pensar algo mejor lo que dice. Porque si dijo lo que realmente pensaba, si piensa que realmente España, por muy mal que los estemos pasando económicamente, sólo vale para el flamenco y el vino tinto, una de dos: o usted está de sobra en la OCDE, o la que está de sobra es la OCDE con tipos como usted. Amigo Boucher, créame porque se lo digo de corazón: no tiene usted ni pajolera idea.

Andrés Aberasturi

Estudió bachillerato en Madrid con los jesuitas de Chamartín.
Durante su juventud, cursó estudios de Periodismo en la Escuela Oficial. Su carrera periodística, que compaginó con sus estudios, comenzó en 1968, siendo su primer empleo el de «meritorio» para el Información de Alicante. Al año siguiente, se incorporó al diario Pueblo, en el que permaneció hasta su cierre.
En 1976, pasa a formar parte del equipo de redacción de Informativos de RNE y, posteriormente, su carrera en radio se desarrolló con la dirección y presentación de diferentes programas en RNE, Radio Voz y Onda Cero.
Por su parte, en televisión ha dirigido y presentado programas en Televisión Española, Antena 3, Telecinco, Canal Sur, ETB y Telemadrid. En este medio ha destacado sobre todo en programas informativos y de entretenimiento, habiendo sido presentador de los telediarios de TVE (1988–1989) e Telecinco (1996).
También ha participado en múltiples ocasiones como tertuliano en distintos programas de debate o entretenimiento, tanto en radio como en televisión.
En prensa, aparte de su ya mencionado paso por Pueblo, cabe mencionar que ha sido columnista en El Mundo y de la agencia CLPISA y ha ejercido como crítico televisivo para El Semanal TV. En la actualidad es columnista de OTR (Europa Press)
Además de su actividad como periodista, Aberasturi también se ha adentrado ocasionalmente en el mundo de la literatura y ha sido profesor de la Universidad Mississippi de Madrid y conferenciante.
En 2007 se prejubiló por el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) de RTVE.
Libros publicados:
Sincronía en tiempo de vals (1972). Poemas
Las soledades de Carancanfunfa (Ed. Libertarias,1986). Libro de relatos.
Dios y yo (Planeta 1994).
Un blanco deslumbramiento (Palabras para Cris) ( Sial 1999). Poemas.
Hola, de dónde eres, con Pura Salceda, sobre el mundo de los chats. (Ediciones B 2003))
“La leyenda continúa” (Sial 2001)
El libro de las despedidas. (Sial 2005)
Hablando solo Recopilacion de su obra poética (sial